El hacking ético se ha consolidado como una de las disciplinas más críticas y, al mismo tiempo, más complejas de abordar desde una perspectiva estrictamente legal. En el mundo en el cual nos encontramos, las fronteras son difusas y las vulnerabilidades pueden comprometer desde la privacidad individual hasta la seguridad nacional, surge la necesidad imperante de delimitar qué conductas se consideran legítimas y cuáles entran en el terreno de la criminalidad informática. La distinción fundamental radica en la intención, el consentimiento y el marco normativo que rige el acceso a sistemas informáticos ajenos.




















